Abril – HOPE Share de 5 Minutos
Tratamos de comenzar cada día en el clóset con un HOPE Share de 5 minutos.
El Evangelio del Rey Resucitado
Hubo muchos “evangelios” proclamados en el mundo antiguo. Reyes y emperadores emitían anuncios de “buenas noticias” como declaraciones públicas de su autoridad, afirmando su fuerza y poder. En estos anuncios prometían paz “mundial” y “eterna”, salvación, seguridad y bienestar para sus súbditos. La historia ha demostrado que estas afirmaciones no eran verdaderas. Todos esos gobernantes murieron, sus reinos se derrumbaron y sus promesas quedaron sin cumplir. A pesar de su poder político, sus ejércitos y su riqueza, ninguno pudo construir el reino eterno que proclamaban.
Jesús no era como esos otros gobernantes que usaban el miedo, la coerción o la fuerza militar para establecer un reino. Él enseñó, sanó y expulsó demonios con autoridad, pero nunca tomó la espada, nunca lideró una revuelta militar, nunca buscó el poder terrenal. Cuidó a los enfermos, lloró con los quebrantados, amó a los oprimidos y enseñó a sus seguidores a hacer lo mismo. Jesús habló contra la injusticia y la hipocresía. Habló verdad en medio de la oscuridad. Su disposición a confrontar el mal hizo que los líderes religiosos lo odiaran. Finalmente, lo entregaron al gobernador romano para ser ejecutado públicamente como un rebelde político.
A diferencia de los gobernantes del mundo antiguo, el reino que Jesús prometió no terminó. Al tercer día después de su ejecución pública, Jesús resucitó porque la muerte no pudo retenerlo. Jesús hizo lo que ningún otro gobernante pudo hacer: vencer la muerte. Él demostró un poder mayor que cualquier poder humano. Mostró que el amor es la fuerza más grande y derrotó a nuestro mayor enemigo: la muerte.
El evangelio de Jesús no es como los otros “evangelios” del mundo porque el evangelio de Jesús es verdadero. Como describe el apóstol Pablo, el evangelio de Jesús es “el poder de Dios para salvación de todo aquel que cree: del judío primeramente y también del gentil” (Romanos 1:16) y “Por este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué” (1 Corintios 15:2).
Este asombroso evangelio transforma a las personas, alejándolas del amor propio y de los intentos inútiles de llenar ese profundo anhelo de significado y propósito. En cambio, nos envía a una misión: seguir a Jesús, vivir como Él vivió, confiar en Él y anunciar su increíble gracia al mundo. Aunque el mundo a nuestro alrededor parezca oscuro, podemos tener esperanza en que Jesús, el Rey resucitado, un día regresará para restaurar su creación. En Filipenses 2:5–12, Pablo comparte un hermoso y esperanzador resumen de este evangelio.
Filipenses 2:5–11
5 En sus relaciones mutuas, tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús:
6 Quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse;
7 sino que se despojó a sí mismo tomando la naturaleza de siervo, haciéndose semejante a los seres humanos.
8 Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!
9 Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está por encima de todo nombre,
10 para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra,
11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Romanos 10:9 dice: “Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo.” ¡Asombroso! Nuestra esperanza no se basa en nuestra dignidad, sino en la obra terminada de Jesús hace 2,000 años. Él regresará. Aquellos cuya confianza está en este Rey tienen esta esperanza: “El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).